De los ríos a los Andes

Un viaje en un trasbordador espacial. ¡¡¡Qué desafío!!! Volaremos sin fronteras alrededor del planeta. ¿Se animan? Saldremos desde la Mesopotamia argentina, investigaremos las más atractivas ciudades de la Tierra, para llegar luego al país hermano de Chile.
Cuaderno digital: 

Subimos y subimos. ¡Qué pequeños se ven los ríos Paraná y Uruguay!. Ambos envuelven nuestra Mesopotamia,  y allá, muy al norte brillan las majestuosas Cataratas del Iguazú.

Todos podemos conducir el trasbordador, uno por vez. Pablo, un integrante del grupo, pone a la nave con rumbo norte, inmediatamente, se despliega a nuestros pies, la inmensa selva amazónica con ríos serpenteantes.

Tomó el mando Sofía y digitó en el comando: R u s i a. En segundos dejamos la alfombra verde del Amazonas y volamos sobre el desierto blanco. ¡Es Siberia! Dice un compañero. Apiñados frente a la ventanilla de la nave vemos dos líneas interminables atravesando el blanco, son las vías del tren Transiberiano que unen ciudades  importantes de Rusia.

Avanzamos hacia el este y estamos en las puertas de Moscú, nos llama la atención la Plaza Roja y el majestuoso palacio del Kremlin. Desde nuestra nave podemos ver el interior del palacio. Aparecen ante nuestra vista, salones bellamente decorados, espejos gigantes. Pero vayamos  hacia San Petersburgo, que fue la  ciudad en la que vivieron los zares.

Calles grises empedradas, palacios con cúpulas majestuosas, plazas con estatuas gigantescas. Esta ciudad –dice uno de los viajeros- es el símbolo de la Rusia europea.

Cada vez nos asombramos más de las imágenes planetarias que puede captar la nave. Subimos nuevamente a la estratosfera y emprendemos el regreso al continente sudamericano. Nos despedimos de Europa, viendo desde la nave al sur de España. Agitamos nuestra manos en señal de despedida teniendo ante nosotros, la histórica ciudad de Sevilla. El río Guadalquivir es lo último que vemos de España luego, las Islas Canarias y en minutos estamos sobre las costas del Caribe. Desde ahí a los Andes. Ya en América, nos reciben en Ecuador,  los picos andinos, con nieves eternas. Seguimos   hacia el sur pasamos por Lima, la capital de Perú. Se la aprecia  extendida,  en la vertiente occidental de los Andes.

La posibilidad de buscar con un teleobjetivo a los habitantes de los Andes, nos permite ver a pastores y agricultores que producen como sus antepasados, los incas. Vicuñas y alpacas son conducidas por pedregosos y angostos caminos de la  montaña, buscando buenos  pastos. Nos impacta los cultivos en terrazas que almacenan el agua de las escasas lluvias, para regar luego,  los cultivos de papa, maíz y quinoa.

Miramos nuestro programa y vemos el destino final:  Santiago de Chile. Allá vamos. La ciudad capital del país es impactante desde el aire. En pleno paisaje de cemento y techumbres se divisa el paseo de La Alameda. Queremos bajar, no es fácil, finalmente nos lanzamos en paracaídas y tocamos el piso de la plaza central de Santiago, frente a nosotros el Palacio de la Moneda. Es el edificio cede del Gobierno  de Chile. En nuestra bitácora de viaje habíamos anotado varios compromisos para cumplir en la ciudad de Santiago.

Llegar a las riberas del río Mapocho, subir al cerro de Santa Lucía, conocer el Museo de Arte Precolombino, visitar la casa de Pedro Neruda.

 

Cuantas cosas por conocer, que demandarían varios días. Decidimos volver, hacemos el firme compromiso de retornar a tierras trasandinas y conocer por ejemplo al guaso, el hombre de campo de Chile o las famosas minas de cobre de Chuquicamata..   

 

Autores: 
Alumnos del noveno año del Instituto `Vuelta del Ombú`
Centro educativo: 
Instituto `Vuelta del Ombú`
Clase: 
Guainas_y_gurises
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